Según diferentes medios, el operador turístico británico Thomas Cook, se encuentra ante una situación financiera que amenaza su existencia tras 178 años de historia, el más antiguo del mundo pues se estableció en 1841.

Al parecer la inyección económica del fondo chino FOSUN, tasada en 900 millones de libras esterlinas (1.025 millones de euros) no es suficiente. Mientras este operador foráneo apuesta por salvar la histórica compañía, son las propias entidades financieras británicas Royal Bank of Scotland, RBS y Lloyds las que reclaman, de forma inexorable una provisión adicional cercana a los 230 millones de euros para continuar su apoyo.

Se trata, en un último intento, de forzar al RBS, mayoritariamente nacionalizado, a retirar la cabeza de Thomás Cook de la guillotina de la bancarrota, es decir de ejecutar la exigencia de la provisión de fondos que ahora parece imposible, transformando toda esta compleja situación en una cuestión de estado.

Ya en 2011, como consecuencia de la crisis en Europa y las consecuencias de la primavera árabe, el agente británico con 30.000 empleados 10.000 más que en la actualidad, vivió una compleja situación también. El entonces primer ministro David Cameron, conocedor de los mecanismos financieros y de como se las gastan los brókeres de la  City, donde las decisiones estratégicas se toman en base a algoritmos matemáticos que evalúan los riesgos de obtener retornos y plusvalías sin componentes sentimentales, encargó un informe sobre la situación financiera en un acto muy singular pues, decía, que la historia de la compañía era una activo para la autoestima y la imagen exterior del Reino Unido de Gran Bretaña y que su caída sería un duro golpe.

El interés oficial mostrado entonces parece que surgió efecto, se interpretó como una muestra de apoyo y la compañía esquivó el escollo y remontó el vuelo. Hoy parece que, si el método es eficaz, alguien no ha actuado proactivamente y ha hecho su tarea, entretenidos en una compleja situación política derivada de la posible salida del Reino Unido de la Unión Europea, que además es otro de los ingredientes o componentes que pesan negativamente en la decisión final acerca de apoyar financieramente a Thomas Cook y confiar en su futuro.

Noticias de alcance dicen que cerca de 600.000 turistas están en sus destinos turísticos, con el corazón en un puño sin saber si mañana podrán volver a sus hogares dándose la esperpéntica situación de un grupo de turistas en el complejo Les Orangeres de Túnez, a los cuales sus propietarios les impide al parecer salir del hotel, sin el pago adicional de gastos, que en algunos casos se elevan a 2.500 libras esterlinas cuando ellos ya los habían abonado al touroperador.

Thomas Cook comprende una extensa red de establecimientos hoteleros en el Mediterráneo y Canarias y aparte una potente flota de más de cien aviones agrupados en diferentes compañías como Thomas Cook Airlines UK,  Thomas Cook Airlines Scandinavia, Thomas Cook Airlines Balearic con sede en Mallorca, y la germana Condor Flugendienst.

Este operador en un cambio de estrategia para potenciar su negocio hotelero, puso a la venta todo su grupo aéreo pero las cantidades ofrecidas por los potenciales compradores parece que no resultaron del agrado de los gestores de la empresa y de los bancos y acreedores que persiguen sus intereses.

Mañana será el día, parece, en el que se decidirá o no, dar un impulso a esta veterana organización que ha sido el orgullo del sector turístico británico. Mientras tanto llegan noticias de que han saltado alarmas y al parecer de que se están preparando aviones para repatriar a la ingente cantidad de turistas que pueden quedar abandonados a su suerte como en el relativamente reciente caso de Monarch, varios de cuyos aviones pasaron a manos de Thomas Cook aunque sin desaparecer del todo su antigua imagen corporativa, como si de un triste presagio se tratara, de acabar de forma estrepitosa su dilatada, productiva y prestigiosa historia.

 

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